LOS VOLCANES EN EL ARTE Popocatépetl_Iztaccíhuatl

Los dos grandes volcanes del centro de méxico, el popocatépetl y el iztaccíhuatl, han ejercido desde tiempos inmemoriales un influjo no sólo sobre quienes habitan en la región, sino sobre los que llegan a ella. pronto el recién llegado también es atrapado por la presencia de las dos cumbres nevadas y presiente –al igual que también de la imaginación. los artistas indígenas los plasmaron en códices para mostrar su papel en la geografía sagrada y en la historia, y desde la época colonial hasta nuestros días los volcanes han sido un referente para artistas, poetas y novelistas. hubo quienes le dedicaron su vida , quienes recogieron las leyendas que le atribuyen un talante humano a las montañas, quienes los retrataron con fidelidad, quienes los interpretaron, quienes los describieron con todo detalle y quienes alimentaron su inspiración al tenerlos a la vista y los hicieron marco de relatos y poemas, cuando no los personajes mismos.

 

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Saturnino Herrán, La leyenda de los volcanes, 1910. 

José Guadalupe Posada, sin título. Portada de Heriberto Frías, Historia de los dos volcanes. Corazón de lumbre y alma de nieve, Maucci Hermanos, México, 1900

 

 

¿QUÉ TIENEN QUE DECIRNOS LOS MITOS DE LOS VOLCANES A NOSOTROS, GENTE DE LA CIUDAD? ¿QUÉ TIENEN QUE DECIRNOS LOS CAMPESINOS QUE LOS HAN REPETIDO DURANTE SIGLOS Y QUE SUEÑAN CON LAS MONTAÑAS CONVERTIDAS EN PERSONAS? EN PRIMER LUGAR QUE LOS VOLCANES ESTÁN VIVOS Y CON ELLOS EL COSMOS ENTERO. QUE ESA VIDA ES UN DON QUE SE NOS OBSEQUIA Y QUE MUY POCAS VECES SABEMOS APRECIAR.

 

Los mitos son relatos de carácter sagrado que nos hablan del origen del cosmos y de las cosas y seres que lo habitan. El mito de la diosa Tlaltecuhtli refiere la existencia de este ser fantástico que caminaba por las aguas primigenias y en todas las coyunturas tenía ojos y bocas con las que mordía salvajemente. Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, convertidos en serpientes, la partieron en dos y con ambas mitades hicieron la tierra y el cielo. Entonces descendieron los demás dioses y para compensar el daño que se había infligido a Tlaltecuhtli, hicieron de sus cabellos y su piel árboles, flores y yerbas; de sus ojos pozos, fuentes y pequeñas cuevas; de la boca ríos y cavernas grandes, de la nariz valles y montañas. Para calmar su llanto y conseguir que rindiera frutos había que alimentarla con sangre humana.
Este mito de origen permite entender algunos aspectos de los rituales que se llevan a cabo en las laderas de los volcanes, a más de 4 000 m de altura. Rituales que presuponen la existencia de un Espíritu de la Montaña, llamado Gregorio Popocate-petzintli, con quien se establece una relación ceremonial de reciprocidad para obtener de él buenas lluvias que permitan cosechas abundantes. A cambio, los campesinos, por medio de sus especialistas en el manejo mágico del clima, entregan flores, música, copal, bebida, comida y eventualmente alguna vestimenta y adornos personales. Entre la comida que los campesinos de Xalitzintla, Puebla, ofrendan al volcán y a los espíritus de otras montañas, destaca la sangre de un guajolote sacrificado durante el ritual de petición de lluvias, sangre que se deposita en un recipiente al pie de las cruces que presiden el lugar sagrado conocido como El Ombligo. Como su nombre lo sugiere, se trata de un Centro del Mundo, un sitio desde donde es posible establecer comunicación con el mundo celeste de las deidades y con los antepasados que habitan en el inframundo. Para preservar su carácter de relato sagrado, el mito debe mantener un vínculo con una ritualidad que le permite actualizarse constantemente, cuando ese vínculo desaparece el mito inicia su degradación hasta convertirse en leyenda o cuento.

 

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