CREENCIAS Y MITOS SOBRE EL ORIGEN DEL ARCHIPIÉLAGO CANARIO

 

Por Humberto Domínguez Martel.

 

En la mitología griega las Hespérides eran las ninfas que cuidaban un maravilloso jardín en un lejano rincón del occidente, situado cerca de la cordillera del Atlas en el Norte de África al borde del Océano que circundaba el mundo.

Hespérides

El JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES es el huerto de Hera en el oeste, donde un único árbol o bien toda una arboleda daban manzanas doradas que proporcionaban la inmortalidad. Los manzanos fueron plantados de las ramas con fruta que Gea había dado a Hera como regalo de su boda con Zeus; Gea es la diosa griega que personifica a la Tierra en la mitología griega y cuyo nombre fue usado por James Lovelock para dar cuerpo a su hipótesis Gaia que hipotetiza a la propia Tierra como un organismo con funciones autorregulatorias.

Muchos autores clásicos, desde varios siglos antes de Cristo, situaron el Jardín de las Hespérides en Canarias. Nuestras islas eran consideradas como islas paradisíacas en las que habitaban las Hespérides, las tres hijas de Atlas, el personaje mítico condenado a sostener la cúpula terrestre tras ser derrotado por Zeus. El Jardín estaba custodiado por Ladón, un fiero dragón de 100 cabezas por las que escupía fuego y al que los antiguos griegos “descubrieron” en la imagen del Teide en erupción. Esta concepción mítica sobre Canarias prácticamente desapareció tras la época romana.

Sin embargo la otra concepción mítica sobre el origen de Canarias, la ATLÁNTIDA, perdura aun hoy en gente que rechaza las concepciones científicas comúnmente aceptadas en el estudio de nuestro planeta. En septiembre del año pasado de 2013 aún se oyó en una de las charlas en la Noche de los Volcanes, celebrada en el Puerto de la Cruz, una pregunta a uno de los ponentes sobre la Atlántida como origen del Archipiélago. La sonrisa apareció en la cara de muchos asistentes y en la del mismo ponente que amablemente contestó que esa teoría hoy día no se consideraba ya valida y ni siquiera científica. Pero no debemos sorprendernos ya que algunos autores con mantra científico mantenían durante los primeros años del siglo XX posiciones muy cercanas al concepto básico de la Atlántida: la desaparición sea por hundimiento o sea por fracturación tectónica de una península africana (Hausen, 1958), la noción de las islas Canarias unidas en el pasado a otras grandes islas o a los continentes ejerciendo como puentes continentales de comunicación de fauna y flora,…, e incluso la misma existencia de algo semejante a la Atlántida (Le Danois, 1938)

La idea de la Atlántida surge como referencia a una isla mítica en los diálogos de Timeo y Critias, obra de PLATÓN (427-347 a. C.) Los escritos de Platón sitúan la isla “delante de las Columnas de Hércules”; la describen como “más grande que Libia y Asia juntas”, y la señalan como una potencia marítima que 9000 años antes de la época del legislador ateniense Solón habría conquistado gran parte de Europa y el norte de África, siendo sólo detenida por una hipotética Atenas prehelénica, después de lo cual habría desaparecido en el mar a causa de un violento terremoto y de un gran diluvio, “en un solo día y una noche terribles”.

mitos

Tras el redescubrimiento de los textos clásicos en el Renacimiento y durante varios siglos los más eminentes naturalistas iniciadores de los estudios de rocas, fósiles petrificados, de los volcanes italianos… señalaron al mito de la Atlántida como real y, en algunos casos, como origen de las islas que conocemos hoy como Macaronesia, aunque alguno de estos precientíficos ya duda de la veracidad del mito: NICOLAS STENO (1638-1686), el considerado iniciador y padre de la Geología, pone en duda el hundimiento de la Atlántida, aunque lo hace desde la posición del más puro actualismo geológico.

En su obra “El mundo subterráneo” (1665) ATANASIO KIRCHER (1601-1680) expone sus observaciones sobre el vulcanismo del Etna, del Stromboli, y de la destructiva erupción de 1631 del Vesubio, llegando a descender al interior de su cráter con la intención de tomar nota de su tamaño exacto, y se muestra creyente del mito de la Atlántida. (Ver dibujo de A.Kircher de la Atlántida)

ROBERT HOOKE(1635-1703) inglés considerado uno de los científicos experimentales más importantes de la historia de la ciencia y con intereses en campos muy dispares. Comenta en alguno de sus textos que diversas islas, con referencia expresa a Canarias, o han surgido del mar por erupciones o terremotos o son vestigios de esa otra gran isla desaparecida.

JOHN WOODWARD (1665-1728) que, aunque se interesó más a fondo por la botánica, también estudio la geología estableciendo que la superficie de la Tierra estaba formada por estratos y dejando en su herencia la financiación de la célebre cátedra woodwardiana de Geología en el Departamento de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Cambridge; afirmó que las islas Canarias fueron configuradas por el diluvio universal.

Nuestro reconocido JOSÉ DE VIERA Y CLAVIJO (1731-1813) sostenía que las Canarias eran restos de la desaparecida Atlántida y dibujo un mapa, plasmando tal idea, basado en el mapa de Kircher.

Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788), conocido simplemente como BUFFON, fue, entre otras cosas, un estudioso de la geología publicando en 1744 “Historia y teoría de la tierra” y “Las épocas de la Naturaleza” en 1778. En ellas Buffon fue el primero en dividir la historia geológica en una serie ordenada de etapas, introduciendo el concepto de evolución en el ámbito de la historia natural. En “Las épocas…” llegó a mantener que el fuego era el agente principal de las trasformaciones geológicas y explicó ampliamente esa hipótesis en esa obra. Buffon plantea en su obra la existencia pretérita de la Atlántida como una unión entre América y Europa a través de “Terranova, las Azores y las demás islas y baxios que se hallan en aquel intervalo de mares, las quales parece nos presentan en el día las cumbres mas elevadas de estas tierras hundidas debaxo de las aguas.” (http://books.google.es/books?id=GgfkanlE9s8C&lpg=PA253&ots=D-4lzHfvKO&dq=Buffon+Atlantida&hl=es&pg=PA253#v=onepage&q=Buffon%20Atlantida&f=false)

Jean-Baptiste Geneviève Marcellin BORY DE SAINT-VINCENT (1778-1846) fue un oficial francés, naturalista y geógrafo, notablemente interesado en la vulcanología y botánica, que realizo la primera ascensión y descripción científica del Pitón de la Fournaise en la isla de la Reunión. Publico en 1803 un “Essais sur Les Isles Fortunées et l’Antique Atlantide ou Précis de l’Histoire générale de l’Archipel des Canaries” (http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k97643f), esta obra es de juventud ya que la publico con 25 años. En esta obra expone aspectos sobre los habitantes anteriores a la conquista, los guanches, sobre esa conquista, sobre la flora, geología y mineralogía de las islas; en los 12 días que estuvo en Tenerife tuvo serios problemas con Nicolas Baudin, el capitán de la expedición, que le impidió, entre otras cosas, ascender al Teide y realizar en los últimos días expediciones al interior de la isla, pero a pesar de ello realizo numerosas observaciones, dibujos y mapas además de consultar diversas obras, entre ellas la de Viera y Clavijo. Bory identificó erróneamente al Teide con el mitológico Monte Atlas y presentó a las islas como Las Hespérides. Dibujo el adjunto mapa como “especulativo” sobre la situación de la Atlántida incluyendo en ella a las Canarias. Pero su aportación más personal fue un catalogo de de 467 especies de plantas canarias.

Todavía en 1825, y a pesar de que ya por entonces se había publicado la que se considera primera hipótesis científica sobre el origen de Canarias por Leopold Von Buch, GEORGES CUVIER (1769-1832), naturalista francés considerado el padre de la moderna paleontología al ser el primero en realizar estudios sobre anatomía comparada para reconstruir e interpretar fósiles a pesar de ser un creacionista, teoría según la cual la Tierra y cada ser vivo que existe actualmente proviene de un acto de creación de uno o varios seres divinos. Su concepción de la historia geológica de la Tierra como fijista y catastrofista le llevo a aceptar la concepción de la Atlántida como verdadera.

En el marco del desarrollo del romanticismo desde finales del sXVIII al sXIX la fascinación del mito de la Atlántida tuvo una auge popular que se extiende en capas no creyentes en la ciencia hasta muy recientemente. Así en 1869, Julio Verne escribe Veinte mil leguas de viaje submarino, novela en la que se cuenta un encuentro de los protagonistas con los restos de una sumergida Atlántida. En 1883, IGNATIUS DONNELLY (1831-1901), pública “Atlántida: El Mundo Antediluviano”. Esta obra tuvo una influencia enorme a pesar de sus errores y exageraciones; a partir de aparentes semejanzas entre las culturas egipcia y mesoamericana se unen, de modo muchas veces caprichoso, una serie de datos e informaciones que concluyen que existió una zona, desaparecida, que fue el origen de toda civilización humana y cuyo recuerdo habría permanecido en la leyenda de la Atlántida que se extendía, a través de las islas contiguas, hasta una distancia de 390 Km de la costa de Europa por un lado y por el otro casi tocaba las islas de las Indias Occidentales, mientras que por intermedio de sus cadenas montañosas realizaba la unión de Brasil y África. El libro de Donnelly tuvo gran acogida de público siendo reeditado hasta 1976.

En julio de 2005 y en noviembre de 2008 (http://atlantis2008.conferences.gr/) se celebraron sendos congresos sobre la Atlántida y en Internet se pueden encontrar fácilmente diversas webs, blogs… que defienden bajo los más rebuscados argumentos la existencia de esa isla mítica en la que algunos, sin base científica alguna, creen situar el origen de Canarias.

Sin entrar en las variadas teorías científicas sobre el origen de Canarias, tanto pre Tectónica de placas como posteriores a esta, solo cabe añadir que prácticamente todas señalan un origen de levantamiento, en la mayoría de los casos incluyendo el efecto del volcanismo en esa elevación con lo que la idea de una catástrofe de hundimiento no se puede considerar valida hoy día, científicamente hablando.

Si alguien desea el texto de arriba en formato PDF, puede solicitarlo a acanvol@acanvol.org

Escriba una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Contact Us